Hacia una economía desde América Latina
Hacia una economía desde América Latina
Beatriz Corina Mingüer Cestelos
El texto muestra cómo la obra del maestro Juan José Bautista nos permite descubrir los presupuestos del sistema de reproducción capitalista moderno y construir un horizonte de nuevas categorías hacia una economía desde América Latina. Esto solo es posible transformando nuestra subjetividad sobre las dos fuentes de riqueza y de vida: el humano y la naturaleza. Para ello, en el texto se muestra que no basta solo tener clara la
relación capital-trabajo expuesta en El Capital de
Marx, sino desplegar la categoría naturaleza que contemple su papel mistificado dentro del proceso de acumulación, concentración y centralización del capital. Esto nos permite hacer inteligibles los límites del capital que impone la naturaleza y sus formas transitivas, aboliendo las relaciones de dominio y explotación que imperan en la economía moderna, y el papel que, dentro de la transformación, tendrán los pueblos originarios vivos y ancestrales de nuestra América Latina.
Economía, categorías, naturaleza, límite, transformación.
The text shows how the work of the philosopher Juan José Bautista allows us to discover the presuppositions of the modern capitalist reproduction system and to build a horizon of new categories for an economy from Latin America. This is only possible by transforming our subjectivity on the two sources of wealth and life: the human being and nature. To this end, the text shows that it is not enough just to be clear about the capital-labor relationship set out in Marx’s Capital, but to deploy the category of nature that contemplates its mystified role within the accumulation process, concentration, and centralization of capital. This allows us to make intelligible the limits of capital imposed by nature and its transitive forms, abolishing the relations of domination and exploitation that prevail in the modern economy and the role that, within the transformation, the living and ancestral native peoples of our Latin America will have. Economy, categories, nature, limit, transformation.
Al Dr. Juan José Bautista Segales
Introducción 1
Este breve texto pretende evidenciar que el reconocimiento al pensamiento del maestro Juan José Bautista, va más allá de su profundo desarrollo teórico-político; es la evidencia de que su pensamiento tiene sentido, incluso entre las disciplinas que tienden a los dogmatismos más recalcitrantes como la economía, incluyendo la economía política. Benjamin señalaba que “la esencia de una cosa aparece en su verdad cuando es amenazada de desaparecer”. De esa forma, su pensamiento radical tiene cabida porque se está generando un movimiento que permite hacer inteligible su tránsito y será posible solo a través nuevas categorías que nos permitan visibilizar estos cambios y la ruta de transformación. Como recalcaba el maestro, los problemas que van apareciendo en los pueblos que están en un franco proceso de liberación, nos indican lo que debe o merece ser pensado. La definición de nuevas categorías con las cuales pensar una nueva economía , más allá de la economía moderna, es fundamental para dejar la huella del pensamiento radical que nos encomendó. En esta vía, y partiendo de la obra que Marx de1 Basado en la tesis doctoral en economía de la cual, el maestro Juan José Bautista Segales fue no solo lector, sino, en gran parte, inspirador del pensamiento plasmado en ella. Esta tesis derivó en la postulación a la Medalla Alfonso Caso, que ofrezco como un homenaje a él y a su pensamiento.
sarrolló de manera profunda al desmitificar el contenido de la relación capital-trabajo, en este breve texto, emanado de un ejercicio más profundo en la tesis doctoral, contribuimos proponiendo nuevas categorías al desmitificar la relación capital-naturaleza que nos permitan construir un nuevo modelo ideal, desde la factibilidad de lo posible, con el orgullo del que se opone a la humildad del sometimiento moderno y del que se convierte en el defensor de lo humano y la naturaleza por sobre el mercado. Este es el esfuerzo que nos impulsó a hacer el maestro: ir con los ancestros más allá de ellos. 1. Hacia un nuevo marco categorial Tal como hace evidente Marx, lo que está contenido en todo sistema de producción son relaciones sociales que lo animan y son su motor. Las relaciones sociales, tal como el maestro Juan José Bautista insistía, en sí mismas tienen un contenido negativo desde la perspectiva de Marx, ya que las relaciones que imperan en la modernidad son de explotación y dominación del humano y de la naturaleza. En general, la teoría del valor desarrollada ampliamente por Marx, devela el contenido de la materialidad que se produce. Es decir, no solo lo que aparece ante nuestros ojos que es la devastación de la naturaleza, sino que, al desentrañar desde el conocimiento de las leyes internas del capital y hacer inteligibles los mecanismos de esta devastación, hace evidente la propia lucha del sistema por su continuidad y, al mismo tiempo, se hacen patentes sus límites absolutos y, con ello, se exhiben sus formas transitivas y de transformación.
Para pensar en una economía que emane de nuestro locus de enunciación, es decir, de nues-
tros pueblos, pero no solamente para nuestros
pueblos, sino con pretensión de universalidad, es necesario llegar al contenido del sistema moderno de reproducción de la vida, que resulta en su contradicción más profunda y desastrosa: el aniquilar toda forma de vida. Por ello, pensar en una economía desde América Latina tiene sentido y racionalidad: la racionalidad de preservar la vida impulsada por nuestro origen ancestral vivo y su apego a la Madre Tierra. Para ello, es indispensable partir de un nuevo marco categorial que oriente el sendero sobre el cual transitaremos. El maestro Juan José Bautista hace énfasis en la importancia de la generación de un marco categorial que posibilite, no solo describir lo que se presenta como real, sino también la posibilidad de transformar aquello que se identifica. El
maestro distingue claramente entre el concepto
y la categoría . El primero, como definición, es el producto de un conocimiento de algo, es decir, que ayuda a conocer algo, a aprehender el conocimiento que un pensador produjo acerca de algo en la realidad. El concepto me ayuda a conocer” (Bautista, 2015: 16). “La categoría, en cambio, despliega, define o muestra el momento práctico de relación con la realidad del concepto. Una categoría lo que me permite es saber cuál es el grado posible de transformación que en la realidad puedo operar. Las categorías me permiten o no transformar la realidad en tal o cual sentido. Por eso, es impor-
tante delimitar qué puedo transformar de la realidad y en qué sentido” (Bautista, 2015:17). El concepto moderno de naturaleza oculta un contenido en el que el medio natural se considera objeto de trabajo proclive a mercantilizarse o a ser extraído como un “regalo”, que parte del antropocentrismo convertido en capitalcentrismo, en el que todo lo que sirve al capital tiene sentido, visto desde una racionalidad instrumental. Si queremos cambiar la noción de naturaleza como sujeto y partimos de su definición moderna, nos aparece como irracional. Sin embargo, para concebirla como sujeto, se debe hacer un trabajo de profundización del marco crítico de la economía política que abordó Marx y develar el papel de la naturaleza en la economía capitalista moderna, a través de un pensamiento inspirado en las reflexiones de Juan José Bautista. Por ello, es importante conocer el contenido del concepto moderno de la naturaleza como objeto y qué relaciones se gestan en su interior y la transforman. Para tener la pretensión de transformar la realidad se debe ir más allá de la revisión bibliográfica y adentrarnos en el contenido del concepto para generar la categoría naturaleza y, con ella
misma, la categoría límite como mecanismo
para construir las vías transitivas. El despliegue de estas dos categorías ayudará a esbozar el camino hacia esa economía política de la naturaleza que nos lleve a la nueva economía desde la visión latinoamericana de la Madre Tierra.
Para el maestro, la categoría límite fue crucial para exponer de qué forma el capital constituye su propio límite y, por tanto, su posibilidad de transformación. Marx desarrolla la categoría límite de manera explícita e implícita para hacer evidentes las contradicciones generadas dentro del capital. En este camino, desarrollamos la categoría de límite, ayudados por lo expuesto por Eli de Gortari (1979: 59-60) identificando el límite de continuidad como una mera barrera a la reproducción del capital superable por sus propios mecanismos, como un mero movimiento cuantitativo. El límite de transición como un cúmulo de cambios cuantitativos que llevan a una relativa ruptura de una forma civilizatoria a otra; y el límite de transformación como un cambio cualitativo que marca el inicio nuevas relaciones comunitarias de reproducción material e inmaterial de la vida. Este horizonte de transformación lo da el entendimiento y práctica de las relaciones comunitarias emanadas de los pueblos originarios. 2. Los mitos de la economía moderna Un paso importante en este camino, es desmitificar el papel que la naturaleza toma dentro de la ciencia económica y verificar qué tipo de límite se construye desde corrientes epistemológicamente distintas y, por otro lado, identificar los elementos que constituyen a la naturaleza como límite de transformación y sus formas transitivas con el fin de hacer evidentes sus vías de explotación y extinción irracional y las rutas para cambiar la tendencia suicida del capitalismo, reconociendo la unidad indisoluble entre el
humano y la naturaleza. El esquema I (Mingüer, 2020: 361) muestra la ubicación del pensamiento económico en tres corrientes de la economía analizadas (Economía Ambiental, Economía Eco-
lógica y el Ecomarxismo), entre un rango que va de la llamada sustentabilidad débil a la fuerte estableciendo también una serie de criterios que hacen de estas corrientes más o menos cercanas a plantear un nuevo modelo ideal. La hipótesis central de esta investigación es que la naturaleza representa el límite absoluto del capital -como proceso económico- ( límite de transformación del capital). Esto se hace evidente, desde la lógica de reproducción, a través del incremento de la composición del capital. Este límite contiene los elementos transitivos que potencialmente conduzcan a formas de organización económica comunitaria y cooperativa que generen una relación metabólica con la naturaleza. Un ejercicio implícito de esta investigación es develar lo que Lezama (2019) señala como el ocultamiento epistemológico y ontológico que la ciencia económica ha hecho de la naturaleza y cómo a través de la crítica de la economía política desarrollada por Marx se puede construir un análisis teórico más claro para categorizarla. En general, de qué manera la fábrica de la modernidad regida por el capital, el mercado y el dinero se convierte en una de sus contradicciones que amenazan la continuidad de este sistema irracional de explotación del mundo humano y no humano. En la ciencia económica, la naturaleza se aborda desde distintas perspectivas develando sus contradicciones y su ocultamiento epistemológico. La crisis ambiental y el agotamiento de la naturaleza se muestran como límite de continuidad del capital , una mera barrera superable por sus
mecanismos, desde la Economía Ambiental. Esto se hace patente desde lo modelos económicos en que se integra a la naturaleza en forma de polución y recursos no renovables y que se constituyen como base de la economía ambiental, convertida en disciplina en los años 70 en la cual los problemas medioambientales se basan en las externalidades descritas por Pigou (1920) y Coasé (1960), incorporadas al análisis neoclásico sin modificar sus conceptos y presupuestos básicos (Chang, 2005: 178). Se acepta que los problemas ambientales se deben a la dinámica de la economía, pero son efectos colaterales, fallos no deseados del mercado o fortuitos. La naturaleza es un factor reparable, mejorable y, hasta, sustituible, dando prioridad a lo privado por sobre lo público en términos de la tragedia de los comunes, de Garett Hardin (1968), provocando la privatización extrema de la naturaleza. Todo esto se traduce en políticas a través del discurso del desarrollo sustentable. Por otro lado, la Economía Ecológica emanada de la bioeconomía de Georgescou Roegen (1996: 47) incorpora la segunda ley de la termodinámica, la entropía como la ley que considera base de la economía de la vida a todos los niveles. La Economía Ecológica se contrapone con las ideas de la economía neoclásica y supera sus limitaciones en cuanto a la importancia de la naturaleza fuera del plano económico. Sin embargo, una de las propuestas que arroja, es en torno al establecimiento de un precio de mercado para poder equiparar al daño a un equivalente monetario universal.
No logra, con ello, alcanzar un nuevo estadio en el pensamiento económico: el problema de la escasez y el crecimiento siguen sin ser superados por la corriente ecológica. No supera el antropocentrismo y tampoco cuestiona el sistema capitalista de reproducción más que en términos del crecimiento ilimitado y el uso infinito de recursos no renovables y lo hace referente a la política
económica que termina de manera forzada en una mercancía con precio o con cierto control estatal de los recursos. Constituye un primer paso, pero no resuelve el problema de qué y cómo se genera la devastación de la naturaleza. La corriente que hace la conexión entre el marxismo y la ecología, Ecomarxismo , logra otro tipo
de discusión, aunque más heterogénea entre los propios autores de la corriente que divergen en el papel de la naturaleza durante el proceso de valorización y el del desarrollo de las fuerzas productivas, pero con una posición más homogénea respecto a las escalas de tiempo y de espacio y la crítica al capital por la violación de estos elementos y, aún más unificada, respecto a la crítica a la medición económica, el daño ambiental. Aún con ello, no supera el antropocentrismo ni la objetivación de la naturaleza, es decir, su visión moderna. La naturaleza y su agotamiento se constituyen como un límite de continuidad del capital desde la Economía Ambiental, pero se alcanza a entender como una ruptura relativa de esa continuidad que da paso a una nueva continuidad, como el intervalo entre lo viejo y lo nuevo, es decir, como un límite de transición de las relaciones sociales de producción desde la Economía Ecológica y, aún más claramente, desde el Ecomarxismo, a partir del cual se cuestiona el propio proceso de reproducción del capital como el generador de la devastación de la naturaleza Esto último nos llevó a adentrarnos en parte de la obra de Marx, a través de una lectura no dogmática del mismo, yendo, como mencionaba el maestro Bautista, con Marx más allá de Marx, con lo cual encontramos elementos explícitos e implícitos para construir a la naturaleza como categoría y desde donde podemos entender el agotamiento y destrucción del medio natural como un límite de transformación que marca el agotamiento de un sistema en decadencia que se ha soportado
en una relación de dominación primigenia: la del humano sobre la naturaleza, y que potencia una nueva forma cualitativa sobre una nueva racionalidad o la vía hacia un nuevo modelo ideal. 3. La naturaleza dentro del proceso de
valorización
El trabajo de abstracción analítica para entretejer las relaciones que producen la construcción de la naturaleza en el proceso de producción y valorización del capital nos ayuda a entender su papel y relevancia dentro de la dinámica de la economía. Marx explora, sin ser su objetivo explícito, las formas que la naturaleza toma dentro y fuera del proceso de producción del capital. De ese modo, con fines analíticos, hacemos abstracción entre la naturaleza viva y naturaleza muerta o inerte 2 (en analogía a la categoría trabajo). Así, se descubre a la naturaleza como Condición Natural de la Producción (CNP) 3 : como medio de trabajo (salto de agua, ríos, metales, carbón, hidrocarburos-energía renovable o naturaleza viva y no renovable o naturaleza inerte); como fertilidad de la tierra (posibilitadora de los medios 2 Viva en el sentido de su capacidad de reproducción y vertida durante el proceso de producción, y muerta o inerte, en el sentido de su incapacidad de renovación, como dotaciones fijas no ampliables o reproducibles. 3 Corresponde a lo que Marx señaló como condiciones naturales de la producción. Marx señala que las condiciones de la naturaleza exterior se agrupan económicamente en dos grandes categorías: “[1] la riqueza natural en medios de vida, o sea, en fecundidad del suelo, riqueza pesquera etc. y [2] la riqueza natural en medios de trabajo, saltos de agua, ríos navegables, madera, metales, carbón etc. En comienzos de la civilización es fundamental y decisiva la primera clase de riqueza natural, al llegar a cierto grado de progreso, la primacía corresponde a la segunda” (Marx, 1873: 293).
de subsistencia del trabajo (riqueza)); como Condición General de la Producción (CGP) 4 , -la ciudad, especialmente-; como objeto de trabajo en forma de materia prima y naturaleza pura; y como mero espacio planetario (dotación fija) para la especulación. Todas estas formas que toma la naturaleza en el proceso de valorización del capital, Marx las identifica, pero no hace el enlace entre ellas, ni las conecta a la dinámica de reproducción del capital en donde se verifica su dominio y explotación como un elemento generador de riqueza, tal como la propia fuerza de trabajo, como él mismo descubre. Marx también deja clara la objetivación del humano y de la naturaleza, pero se centra en la contradicción que se genera en la relación capital-trabajo humano y no en la generada en la relación capital-naturaleza. Este es el ejercicio análogo de esta investigación. Al igual que Marx hizo una analogía entre la fuerza natural y la fuerza de trabajo como motores energéticos de la producción, tal como lo hacen evidente Foster y Burket (2016: 140-145) en esa misma vía, pero en sentido inverso y a partir de sus propios hallazgos sobre la fuerza de trabajo, caminamos hacia la construcción de la categoría naturaleza. Dentro del proceso de acumulación, concentración y centralización del capital, Marx identifica 4 “La masa de maquinaria puesta en movimiento, de ganado de labor, de abonos, minerales, de tubos de drenaje es condición de la mayor productividad… así como la masa de medios de producción concentrados en edificios, altos hornos, medios de transporte etc.” (Marx, 1873: 357).
a la composición del capital como el elemento fundamental para entender su movimiento y la vía para el incremento de la ganancia individual y, a la vez, la vía de su contradicción, como un elemento que genera la tendencia de la caída de la tasa general de ganancia, donde halla su propio límite y se hacen evidentes sus contradicciones. La composición del capital la desarrolla en dos sentidos: primero, en términos del valor, expresándola en relación del capital constante sobre el capital variable, es decir, como composición orgánica del capital; y segundo, atendiendo a su materia, como relación entre la masa de medios de producción sobre la cantidad de trabajo como composición técnica del capital. Ambas son interdependientes, especialmente la orgánica depende de la técnica y refleja sus cambios. La composición técnica del capital devela también los enfrentamientos que ocurren en su interior, a saber, el que sucede entre el humano y la naturaleza y el que ocurre entre las fuerzas vivas e inertes, tal como sucede en la confrontación del trabajo muerto con el trabajo vivo.
Para entender estos enfrentamientos debemos empezar por hacer explícito que el humano se relaciona de dos formas con la naturaleza: apropiándose de sus procesos renovables, y, por otro lado, extrayendo de ella materia inerte, dotación fija no renovable. El primer enfrentamiento sucede porque el propio proceso de acumulación en sus etapas de concentración de los medios de producción y centralización del capital conlleva a la productivización de la economía, lo que implica necesariamente presionar el proceso de producción a través del desarrollo de las fuerzas productivas, específicamente, de los medios de producción dentro de los cuales, la naturaleza forma parte de las CGP, CNP, materia prima y naturaleza pura. Especialmente como CNP, en su forma de medio de trabajo, la naturaleza renovable (agua, principalmente) reemplaza en un primer momento de la historia, a la fuerza de trabajo como motor de la producción, y mientras más se desarrolla el proceso de producción se van utilizando más sus dotaciones fijas o inertes (no renovables: carbón, combustible fósil, hidrocarburos) como los combustibles que sirven de energía para la maquinaria, y la naturaleza se utiliza cada vez
más como motor de la producción que la fuerza de trabajo. Este desplazamiento de la fuerza de trabajo por la fuerza de la naturaleza tanto en su forma renovable como no renovable produce un enfrentamiento del humano contra la naturaleza en el proceso de producción. La naturaleza, desplaza a la fuerza de trabajo como motor energético del sistema productivo a través de la tecnología. El segundo enfrentamiento sucede con la naturaleza viva frente a la naturaleza muerta, es decir, de la naturaleza contra sí misma. Tal como Marx hace evidente el enfrentamiento entre el trabajo vivo y el trabajo pretérito que lo reemplaza en el proceso de producción al desentrañar la relación capital-trabajo, nosotros, análogamente, respecto a la relación capital-naturaleza, encontramos que, en la dinámica de la productivización de la economía a través de la composición técnica del capital, la naturaleza es sobreutilizada como materia inerte (no renovable) que como naturaleza viva en sus procesos renovables. Es decir, la naturaleza como objeto de trabajo, en sus formas de CNP (energía no renovable, por ser la única fuente de energía que rinde ante las necesidades de la producción capitalista tecnologizada) y como CGP (ciudad), que como fertilidad (campo) apta para la provisión de los medios de subsistencia de la fuerza de trabajo y que como CNP en forma de energético renovable que permita la regeneración de sus ciclos. Esta dinámica lleva a evidenciar las contradicciones de la relación capital-naturaleza y los límites
a la continuidad del capital que se presentan en torno a la degradación y eventual agotamiento de la naturaleza, que, a su vez, pueda generar alternativas hacia la transformación de las relaciones de producción hacia relaciones comunitarias de producción. 4. La naturaleza como límite del capital Las contradicciones del capital se plasman en los límites que la naturaleza representa en el proceso de producción y que identificamos en tres expresiones como parte de ese ocultamiento ontológico: • La naturaleza como límite de vida. • La naturaleza como límite como propiedad privada. • La naturaleza como límite energético.
Como límite de vida
El primer límite se genera a través de la degradación de las diversas formas que adquiere en el proceso del capital. Esto ha devenido en la extracción y despilfarro de sus procesos como naturaleza viva y como naturaleza inerte, por no permitir la regeneración de sus ciclos y por usar de manera intensiva y extensiva el espacio planetario, privilegiando la producción para la ganancia por sobre la riqueza natural en medios de vida. Por prácticas agrícolas que degradan el suelo como el monocultivo masivo, como explotación intensiva de la tierra (en Cuba la caña de azúcar; la soja en Argentina, Uruguay, Brasil; banana en Ecuador; café en Colombia; arroz, en China; eucalipto en España; maíz en toda América).
El uso de fertilizantes, pesticidas y en general, agroquímicos que usan además, grandes cantidades de agua y energía y que contaminan los alimentos (la intensificación de la agricultura, lo que Marx llama la fertilidad económica ); la deforestación que causa la sedimentación y pérdida de la capa superior del suelo y sus nutrientes por la mayor exposición del suelo; la pérdida del hábitat de miles de especies (los eventos sucedidos en 2019 y 2020 en Australia en donde se identificaron al menos 500 millones de animales muertos); modificación del clima por su incidencia sobre la cantidad de precipitaciones que exacerba el calentamiento global y la emisión de gases de efecto invernadero; la creciente urbanización y los servicios que requiere, es decir, de las demanda de CGP; el llamado fracking (fractura hidráulica, que genera una fractura a 2500 metros de profundidad inyectando a presión de 10 a 15 millones de litros de agua y químicos aditivos como el metano, incrementando los gases de efecto invernadero, contaminación del agua subterránea y subsuelo, ocupación de la tierra y desplazamiento forzado de comunidad y mayor sismicidad inducida entre otro efectos. Significa la alteración de los ciclos bioquímicos del planeta que pone en peligro a la especies animales y vegetales, disminuyendo, para el humano, la disponibilidad de alimentos, medicinas y los llamados servicios ambientales. En especial, desde la década de los 70 la producción agrícola, pesquera, forestal y la extracción de las materias primas ha crecido, pero su capacidad de recuperación ha disminuido. Así, no solo es un límite a la
producción capitalista al explotar sus insumos necesarios, en forma de extractivismo (que se genera a nivel mundial, pero más aún en América Latina como un modelo especial de la dinámica capitalista) y por la disminución de los medios de subsistencia de la fuerza de trabajo, sino que también arrasa con toda forma útil y no útil para el proceso de producción; aniquila la vida humana y no humana como parte necesaria para sus procesos.
Como propiedad privada
El límite de la naturaleza como propiedad privada, expresa cómo se obstaculiza la actividad productiva, absorbiendo parte del plusvalor social producido y monopolizando el espacio planetario expuesto para la especulación del suelo: del espacio planetario como dotación fija. En este punto, Marx hace una diferencia entre la naturaleza como fertilidad y el espacio como ubicación o situación. Por un lado, la agricultura como materia vegetal básica de que vive el pueblo y, de otro lado, la figura de la propiedad territorial. Dentro de la naturaleza como situación o ubicación se entiende la diferencia entre la naturaleza como propiedad territorial que puede servir indirectamente al proceso de producción del plusvalor, bajo la figura de ventajas de localización (como CGP), y la ubicación o situación que se utiliza como mera propiedad privada monopolizada, que se ejerce por el “derecho” de apropiarse de una parte del espacio planetario en exclusión de todos los demás, apuntalada por un marco jurídico que protege la propiedad privada por sobre el resto de los derechos.
En este punto, interviene tanto la renta del suelo como la situación o ubicación. Dentro de la renta diferencial I y II a partir de las cuales, de diferentes niveles de fertilidad de la tierra, ya sea por la fertilidad misma o por la tecnología aplicada a ella, obtendrán una mayor o menor ganancia extraordinaria, lo mismo que por la mejor ubicación de la tierra. Sin embargo, cuando se refiere a la renta absoluta de la tierra, estamos hablando del espacio monopolizado que representa el premio a la mera propiedad, es decir, a la centralización del espacio planetario, constituyendo un freno a la producción capitalista que se apropia de una parte importante del plusvalor social producido que no regresa al proceso de producción. Torres y Mariña (2010: 70-75) hacen una caracterización entre las formas abstractas básicas de valorización y las no básicas y semiparasitarias y parasitarias. Mientras que existen formas básicas de valorización productiva como la industrial y no productiva como la comercial y el crédito a la actividad productiva (no parasitarias), existen formas y mecanismos abstractos no básicos solo vinculados indirectamente con el plusvalor como el crédito que financia el consumo final como forma semiparasitaria y el capital que financia actividades especulativas y refinancia la deuda asociada al capital ficticio de Marx que son capitales parasitarios, generadores de las burbujas especulativas. En términos de estas categorías, tanto la fertilidad de la tierra como la ubicación o situación que otorga una ventaja de localización (como CGP) son ubicadas como semiparasitarias por-
que una parte se utiliza para la reactivación del proceso de valorización. Sin embargo, el suelo por ser una dotación fija, al ser monopolizada genera una oportunidad única para la especulación. Cuando se tienen grandes cantidades de suelo urbano monopolizado (en un país en donde el 80% de la población vive en ciudades) el espacio disponible se vuelve aún más escaso y genera presión y especulación ilimitada sobre el precio del suelo. También la naturaleza como propiedad privada, en forma de ubicación, se vincula a la producción del plusvalor (como doble monopolio). Se relaciona con los llamados megaproyectos que reorientan el espacio en favor de la explotación de la naturaleza por el capital. No solo son inversionistas buscando mayor rentabilidad, se trata de generar mayor control geopolítico; un control del espacio a través de las actividades extractivas (intensivas y extensivas). El Plan Puebla Panamá, las Ciudades Rurales Sustentables, el proyecto IIRSA, el proyecto antes denominado Asociación Transpacífico (integrado por al menos 12 países) permiten el saqueo capitalista en América Latina, explotando la naturaleza como ubicación por la monopolización del espacio planetario en su doble carácter de, absolutamente escaso.
Como límite energético
Se reconoce al capitalismo como un sistema intrínsecamente entrópico que, a partir de la mayor presión al desarrollo de las fuerzas productivas, requiere de mayor energía, especial-
mente no renovable porque es la que es capaz de generar la cantidad de energía que necesita la dinámica actual del capital. Genera la explotación insostenible de los llamamos recursos medioambientales del planeta. Se plantea que la economía capitalista está pasando a fuentes de energía menos eficiente; la energía utilizable con la que seguir potenciando actualmente las actividades básicas y no básicas, requerirán de más esfuerzo y no menos. Hall y Klitgoard (2018) señalan que la rentabilidad energética de la inversión es un indicador de la nueva era de la precariedad energética: mide cuánta energía necesitamos para crear más energía (EROI). Hoy se usa más energía para extraer menos cantidad de combustibles fósiles. Hace unas décadas, la EROI era muy elevada: un poco de energía permitía extraer grandes cantidades de petróleo, gas y carbón. Las ratios estimadas para la EROI han favorecido a los combustibles fósiles sobre las energías renovables. El petróleo, el gas y el carbón se calculan en una ratio de 25:1. Así, por ejemplo, se necesita más o menos un barril de petróleo para generar 25, en intercambio de energía. En cambio, las fuentes de energía renovable a menudo tienen relaciones estimadas de 10:1. Sin embargo, estas ratios miden solo la etapa de extracción y no la de transformación para su consumo final. Cuando se toman estos procesos hasta el consumo final, la relación llega hasta ser de 6:1. Un estudio del Centro de investigaciones de energía de Reino Unido advierte que el incremento
de costos energéticos por la extracción de combustibles fósiles hará que las proporciones sigan disminuyendo. Así, la energía útil disponible para la sociedad disminuye rápidamente debido a las cantidades crecientes de energía requerida en la producción. Esto se traduce en mayores costos de producción para obtener lo necesario para mantener la maquinaria de la economía en marcha. Aún hay grandes cantidades de energía fósil bajo la tierra, pero cada vez es más costoso extraerla y el costo ambiental es mucho mayor (como costo oculto de la extracción de combustibles fósiles: carbón, gas natural y petróleo). Paradójicamente, para continuar con el capitalismo como lo conocemos, en términos energéticos tendría que haber una modificación importante en cuanto a su propia lógica de la ganancia como su principal motor para privilegiar el motor de la actividad productiva. Por un lado, a partir de la transición energética en la que se requerirá del mayor involucramiento de los gobiernos en sectores estratégicos revirtiendo la dinámica neoliberal de la hiperprivatización y reforzando el papel del Estado en la planeación económica, disminuyendo, a su vez, el poder del capital. O, en caso de continuar con la extracción de energía fósil, tendría que sacrificar la ganancia inmediata por la tendencia de la disminución de la EROI. Lo que hizo posible al capitalismo, al nivel que ha llegado, fue justo la energía barata y abundante. Tal como mencionaba Marx en El Capital (tomo II, 1885: 127), las profundas crisis requieren de la renovación prematura de las instalaciones y de
la tecnología, por lo que se despilfarra energía para renovar estos procesos. La energía es la clave para entender de qué forma la naturaleza incide dentro de la formación del valor y los límites del propio sistema. De esa forma, el análisis de los límites no puede escindirse del de la energía generada y gastada en el proceso de producción y, aún más, en los procesos no productivos como actividades especulativas. Aquí la escala del tiempo es fundamental. La violación de sus ciclos naturales provoca un desgaste, pero más aún, porque al transgredir el tiempo en el sistema de reproducción de la vida genera su límite absoluto. El tiempo significa la regeneración de la energía, posibilita esta transformación: es tiempo de vida. Para Foster y Burket, el tiempo es, de hecho, la existencia activa del ser humano; es el espacio para su desarrollo. La invasión del capital en el tiempo de trabajo es la apropiación de la vida mental y física del trabajador. Esto sucede también con la naturaleza, pero como, para ojos del capital, la naturaleza es un medio de producción, el impulso por crear el excedente sobrepasa todo límite físico de reproducción, sobrepasa su tiempo de desarrollo y mantenimiento saludable, esto “es una comparación de la sobreextensión del tiempo de trabajo y la sobreexplotación de la naturaleza” (Foster & Burkett, 2016: 148). Como lo devela desde su composición técnica y orgánica, la reproducción del capital es intrínsecamente devastadora de la naturaleza. Es su forma natural de operar porque la transforma
en su medio ambiente propicio y la somete al mercado, demandándole una cantidad infinita de recursos. Se requiere abaratar a la naturaleza y a la fuerza de trabajo, ¡la economía no puede parar!, la lógica del sistema industrial es devastadora natural de la vida humana y natural. 5. Hacia la transformación desde
América Latina
Juan José Bautista decía con ironía que tuvimos que transitar por un gran camino teórico orientado por autores europeos para llegar a un horizonte de transformación que recayó en lo que teníamos en casa, nuestro origen indígena y campesino. Probablemente el mismo camino que le llevó a Marx a encontrar los últimos años de su vida, en la comuna rural rusa, una realidad que proponía un modelo ideal alternativo a lo que él mismo encontró en Europa. La necesidad compartida de ambos pensadores, de encontrar caminos de transformación, converge en la inexorable vía que representa la recuperación de la vida en todos sus sentidos, materiales e inmateriales. El reencuentro con lo arcaico, en su traducción probablemente errónea al español, les hizo reconfigurar su propia predicción de un destino incierto, por un camino andado, arado y sembrado por la vida comunitaria, que es parte de nuestra propia historia de vida como humanos, como seres naturales. Esta forma de organización comunitaria es vía de tránsito y nuestro horizonte de transformación.
Ante los límites que impone al capital, tanto la relación capital-trabajo como la generada entre el capital y la naturaleza y que ponen en peligro toda forma de vida, se hace necesario identificar los elementos de transición que se gestan como parte de la crisis civilizatoria que hoy es evidente. Muestra la decadencia de un sistema que no encuentra soluciones a los problemas que produce (Césaire, 2005) y que el propio momento coyuntural de la pandemia y sus consecuencias, ha exacerbado, aunado a la guerra entre Rusia y Ucrania, que no es más que la evidencia de la crisis del poder unipolar. Estos elementos transitivos los podemos identificar en América Latina, igualmente, desde la lectura de Marx, especialmente del Tomo III de El Capital y en sus escritos ancestrales sobre la Comuna Rural Rusa (1894: 179). De estas lecturas, podemos extraer tres elementos transitivos que potencian la transformación de las relaciones sociales de producción hacia relaciones comunitarias de vida que se pueden identificar desde América Latina. 1. Nunca alcanzar la forma de desarrollo moderno: el maestro Bautista señalaba que países como los nuestros son caracterizados como subdesarrollados porque todavía no hemos desarrollado nuestra propia sociedad, economía y producción, de tal modo que, por esta condición, estamos condenados a ser solo productores de materias primas y no así de productos elaborados o industrializados, que por el valor agregado que ello
implica son los que producen realmente ganancias (Bautista, 2014: 257). Esto trae como consecuencia lo que Marx (1894) identificó como característica de un país no desarrollado: una parte de su fuerza de trabajo no ha sido absorbida formalmente por el capital. Ambos factores que se encuentran profundamente arraigados en nuestra América Latina y nos marginan como pueblo del tipo de desarrollo moderno, han potenciado que gran parte de la fuerza de trabajo que se encuentra fuera del mercado formal (informalidad) tenga la necesidad de encontrar alternativas de organización y generación de medios de subsistencia. Con ello, se han detonado las llamadas economías sociales y solidarias y las economías populares en formas de organización cooperativa que tienen como base la ayuda mutua, la autogestión, la autoorganización y la igualdad de derechos a partir del trabajo, así como una lógica de vinculación no instrumental con la naturaleza. A diferencia de las formas de organización que se basan en la lógica de la ganancia, en aquellas, se busca la emancipación del trabajo y de la comunidad. El propio Marx (1894) se refería a las cooperativas como formas transitivas a diferencia de las sociedades anónimas 5 . Estas caracte5 Sin embargo, Luxemburgo (1889) atribuía tanto a las cooperativas como a los sindicatos una forma potencial de evitar la transformación de las relaciones sociales de producción de dominación. En este sentido, vale la pena profundizar en lo que puede hacer endebles o fuertes a estás formas de organización como potencia de cambio, como límite de transición con un horizonte transformación radical.
rísticas también las encontró Marx (1881) en la comuna rural rusa como formas en las que hacía énfasis, eran sendas de transformación potencial hacia nuevas relaciones de producción fuera de la dominación del capitalismo moderno. 2. El segundo elemento que Marx (1884) identifica en algunos países no desarrollados es que aún existe una parte de propiedad social territorial. En este sentido, México, aún con todos los problemas y segmentaciones que se generan en estos espacios, es el país con mayor propiedad social en el mundo (el segundo país es Bolivia) con el 51% de su superficie. Esto proveniente del reparto agrario generado como producto de la Revolución Mexicana y expresada en el primera Constitución reconocida como social en el mundo. Esto, si bien no genera en sí mismo un cambio en las relaciones sociales de producción, nos habla de la importancia de la predominancia de la propiedad social dentro del espacio planetario. Incluso a 28 años de la reforma al artículo 27, no se ha modificado de manera radical pasando a dominio pleno, es decir, a propiedad privada, lo cual nos habla de una relativa resistencia por mantener la propiedad social por sobre la privada, formas colectivas que nuestros pueblos originarios y campesinos resguardan y preservan. 3. Un tercer elemento que Marx (1884) reconoció y que identificamos en nuestros pueblos, es el arraigo comunitario que encontró en la
Comuna Rural Rusa, que describía como no consanguínea, con limitación de trabajo asalariado y con autoorganización social para la provisión de sus servicios vitales. Esto lo podemos encontrar en gran parte de las comunidades de los pueblos originarios indígenas y campesinos como sucede en Cheran, en parte de los territorios de los Altos de Chiapas y de los pueblos andino-amazónicos, en los que se organizan comunal, política y económicamente en torno al respeto a la Pachamama. El Sumak Kawsay, el Suma Qamaña o el Lekil Kuxlejal, son ejemplos de esta forma de entender el mundo que se ha visibilizado a través de los discursos del Buen Vivir (vivamos bien, como corrige el maestro Juan José Bautista, no como individuos sino en su forma comunitaria (Bautista, 2014: 256)) de las Epistemologías del Sur y de las mismas prácticas de la economía social y solidaria que cuestiona éticamente la economía capitalista y establece alternativas al desarrollo, hoy más necesarias que nunca para salir de esta crisis civilizatoria. El maestro Juan José Bautista tenía claridad en el fundamental tránsito de la sociedad como categoría moderna a la comunidad con un contenido transmoderno, y señalaba de modo enfático cómo era posible la construcción de una nueva subjetividad. La modernidad creó un marco categorial que expresó un tipo de racionalidad basada en certezas individuales, en el ego del sujeto moderno. Implicó el cementerio del pensamiento de los pueblos originarios que impuso un tipo de pedagogía, de ciencia, de filosofía, un
tipo de conocimiento, un tipo de antropología, un tipo de humano. Este pseudouniversalismo con el que se erige la modernidad produce una racionalidad bajo la cual todo lo demás es negado, ocultado y subordinado a ser mero conocimiento local, por ser atrasados, viejos, premodernos, diferentes. Nuestros problemas difícilmente pueden ser entendidos a través de esta lógica y argumentación occidental y eurocéntrica. Los numerosos intentos de esto se han constituido como un gran fracaso con consecuencias fatales para nuestros pueblos. El quedar atrapados en el marco categorial moderno nos impide entender otra realidad y construir un nuevo marco categorial que posibilite dar ese tránsito rumbo a una profunda transformación, hacia un modelo ideal fundamentado en la comunidad como tránsito de un tipo de vida a otro: la creación de otro tipo de humanidad, la semilla del nuevo humano. Para reconstruir la comunidad debe existir el reconocimiento explícito de la dignidad del interlocutor, para que se abra más allá de las certezas individuales y el otro pueda interpelar. Sin embargo, el principio de reconocimiento de la subjetividad del otro es insuficiente. Desde nuestro horizonte cultural común, que nos une a los pueblos originarios, nos recalca el maestro: esto es solo un elemento de una comunidad de parientes tripartita. Sabiendo que el ser humano no es nada sin naturaleza, esta nueva racionalidad se debe construir
a través de nuestra relación íntima con la Madre Tierra, con los parientes de la naturaleza, así como con los ancestros. El alimento es este lazo evidente, cotidiano, material, de conexión con ella. El consumo de nutrientes y energéticos necesarios para nuestra existencia, no es solo eso; el alimento genera contenido informático, un tipo de conexión neuronal que conlleva a otro tipo de humano. En el estómago inician las relaciones intersubjetivas, el tipo de relación práctico-material con la Pachamama. El consumo basado en un tipo de alimento no moderno constituye una unión diferente con la Madre, con la vida. Finalmente, es la unión con los parientes ancestrales lo que permite cerrar el círculo de la comunidad. Necesitamos recuperar la subjetividad de ellos, de tal modo que nos acompañen y potencien nuestra lucha. “No es una cosmovisión, es una realidad milenaria fáctica”, esto nos enfrenta al reto de no sólo creer en los pueblos originarios, sino creer en lo que creen ellos: es constituir la verdadera comunidad con contenido transmoderno, que nos permita entender el mundo.
Conclusión
La economía moderna ha legitimado y continuado la concepción del humano y la naturaleza como objetos mercantilizables, promoviendo el ocultamiento de la explotación y dominio que se genera en el proceso de producción capitalista. Esto suscita un colapso que limita no solo la reproducción del capital, sino también limita el ciclo propio de la vida humana y no humana.
Antes, la crisis civilizatoria que esto implica, las formas de organización comunitaria se visualizan como potencias de transición y de radical transformación que identifican tanto Marx como Bautista en las organizaciones arcaicas de la comuna rural rusa, como en los pueblos originarios de América Latina, respectivamente. Representan formas de organización vivas que posibilitan este camino hacia un modelo ideal factible, con pretensión de universalidad como célula de lo nuevo por construir, lo caduco por desaparecer y lo viejo por prevalecer.
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