Año 1, Nº 1 (2021) · Dossier · pp. 128-145

Apuntes sobre José Martí en el Perú

Sihuacollo, Luis

Formatos: PDF · pp. 128-145 Resumen y metadatos

Apuntes sobre José Martí en el Perú

Luis Sihuacollo

Se trata de un trabajo de carácter monográfico que pretende ofrecer un breve recuento de la recepción que hubo en el Perú de la vida y obra de José Martí. El estudio abarca 95 años, desde 1924 hasta el 2019. Dos criterios determinaron la selección de los textos: (1) publicaciones, ponencias e intervenciones de autores peruanos en el Perú y el extranjero, además de publicaciones realizadas en el Perú por autores extranjeros; (2) y trabajos dedicados expresamente a la vida y obra de Martí, evitando así las referencias ocasionales.

Palabras clave:

José Martí, Nuestra América, Perú, Siglo XX, Siglo XXI.

It is a monographic work that seeks to offer a brief summary of the reception that the life and work of José Martí had in Peru. The study covers 95 years, from 1924 to 2019. Two criteria determined the selection of the texts: (1) publications, presentations and interventions by Peruvian authors in Peru and abroad, as well as publications made in Peru by foreign authors; (2) and works expressly dedicated to the life and work of Martí, thus avoiding occasional references. José Martí, Our America, Peru, XX century, XXI century.

Poco se ha hablado y escrito sobre José Martí en el Perú. Hace medio siglo, una tarea semejante a la que ahora emprendemos no hubiera ocupado más que unas cuantas carillas. Con excepción de un puñado de escritores que reflexionaron sobre algún aspecto de su pensamiento, reinaba casi una total indiferencia hacia José Martí. Este cuadro se ha modificado en los últimos años, con estudios de notable calidad que han razonado, a partir de sus páginas, la realidad latinoamericana. El breve recuento que ofrecemos de la recepción martiana en el Perú, extiende sus límites hasta los escritores que, aun no siendo peruanos, contribuyeron con diversas publicaciones, ponencias e intervenciones en nuestro país. Del mismo modo, incluimos los trabajos de autores nacionales que han aportado a la bibliografía martiana desde otros países del mundo. Hemos centrado la atención en las semblanzas, notas, artículos, ensayos y libros dedicados explícitamente al prócer cubano, pues las referencias ocasionales a su obra resultan moneda común entre creadores como César Vallejo, quien citó en tres oportunidades a Martí en la tesis que presentó para obtener el grado de Bachiller en la Universidad de La Libertad -actual Universidad Nacional de Trujillo-, titulada “El Romanticismo en la poesía castellana”, el 22 de septiembre de 1915 (Vallejo, 1954). Otro tanto podemos anotar de José Carlos Mariátegui, Luis Alberto Sánchez y Augusto Salazar Bondy, quienes tomaron prestada la voz “nuestra

América” en algunos trabajos suyos - Temas de

nuestra América (1959), ¿Tuvimos maestros en

nuestra América? (1956) y ¿Existe una filosofía de

nuestra América? (1968), respectivamente- para

referirse a la América que es nuestra por origen, historia y productos culturales. Habría que agregar, además, algunos nombres insignes como el de Jorge Basadre, quien recordó a Martí en el discurso pronunciado el 26 de noviembre de 1960 en honor del no menos ilustre historiador Raúl Porras Barrenechea, en la Municipalidad de Pisco (Basadre, 1967); también el de David Sobrevilla, renombrado filósofo que en un célebre ensayo ubicó las ideas de Martí en la fase de síntesis del continente (Sobrevilla, 1999). Antenor Orrego, Víctor Raúl Haya de la Torre, Estuardo Núñez, Julio Ortega, Mario Vargas Llosa, entre muchos otros, comentaron brevemente, a su turno, alguna idea martiana. La lista sería muy extensa. Incluso tuvimos noticia de un intercambio epistolar entre José Martí y Ricardo Palma, perdido en los archivos que resguardaba la viuda del historiador cubano José Cernicharo, pero la inesperada y lamentable desaparición de Ciro Alegría Varona, quien rastreaba con nosotros esa única pista, nos alejó de aquella posible correspondencia. Así las razones, y a riesgo de haber omitido algún trabajo, empezamos esta breve exposición. La primera noticia que nos llega de Martí es una semblanza que Ventura García Calderón publicó

en la revista mensual Cuba Contemporánea , ha-

cia 1924. Allí, en nota del editor, se lee: “El ilustre escritor peruano nos ha remitido, desde París,

estos bellísimos fragmentos de un estudio que tiene ya terminado, y hasta ahora inédito, sobre nuestro Libertador” (1924: 93). El texto completo, que aún duerme entre la papelería de García Calderón, celebra en Martí el talento literario y la excelsa conducta moral. Los epítetos que utiliza son variados: “padre triste”, “santo”, “San Pablo de la tórrida gente”, “Eneas de América”, “mago verbal”, “Cid letrado” y “Hombre completo”; todos ellos expresan el casi religioso respeto que sentía por la figura de Martí. Más aún, lo equipara a San Agustín y a Santa Teresa de Jesús, y nos dice que “sólo se puede hablar de él imitándole”. Como se sabe, Ventura García Calderón fue, además, un tenaz promotor de nuestras letras en Francia, y junto a Armando Godoy fundó la

editorial Excelsior, en donde publicó unas Obras

Completas de José Martí , en dos volúmenes,

hacia 1926. No obstante, ya en 1910 había dirigido una Colección de Escritores Americanos, en la que seleccionó un conjunto de cuentos y los entregó a la imprenta bajo el título de Los mejores cuentos americanos . Entre ellos, hubo uno de Martí llamado “Nené traviesa”, que originalmente apareció en el segundo número de la revista La Edad de Oro. Publicación mensual de recreo e instrucción dedicada a los niños de

América , en agosto de 1889.

Cuatro años después del texto pionero de García

Calderón, la revista cultural Amauta publicó, en

su decimocuarto número, un artículo del escritor cubano José Antonio Foncueva, quien a pesar de

vivir solamente veinte años fundó en su isla natal la revista El Estudiante , escribió poesía, cuentos, ejerció la crítica literaria e intercambió cartas con Mariátegui. Su trabajo, “Novísimo retrato de José Martí”, apareció en abril de 1928, y luego se

reprodujo en la primera entrega del Anuario del

Centro de Estudios Martianos de La Habana, en

1978. El joven escritor afirmó que, a pesar de los muchos estudios dedicados a la vida y obra de Martí, “no se conoce todavía la más interesante de ambas: la faceta revolucionaria” (1928: 22); y para desarrollarla, ofreció siete apartados: el místico, el pensador, el escritor, el orador, el poeta, el educador y el patriota, además de una síntesis sobre el pensamiento social martiano. Se trató, en realidad, de una presentación general que justificaba, con una profusión de citas, el carácter plenamente revolucionario de Martí.

Durante la década de 1930 no registramos ningún trabajo martiano. En 1940, la revista Letras . Órgano de la Facultad de Filosofía, Historia y Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, publicó el ensayo “Sobre José Martí y su viva lección”, de José Alvarado Sánchez. Las cuatro partes que conforman el texto (Vida miniada de José Martí, Sobre un culto martiano en América, Para una imagen literaria de Martí, y La lección de Martí) intentan hallar un punto de relación con la vida del poeta francés, de orientación católica, Charles Péguy. Debemos destacar que, para la fecha en que Alvarado escribe estas páginas, sólo se había publicado la importante biografía preparada por Jorge Mañach, Martí. El Apóstol (1933), pues la de Félix Lizaso, Martí. Místico del deber (1940), la de Luis Rodríguez Embil, Martí. El santo de América (1941), la de Blanche Zacharie de Baralt, El Martí que yo conocí (1945) y todas las que integran el conjunto de significativas vidas martianas, fueron posteriores. Sin embargo, Alvarado se muestra muy bien informado sobre las diversas etapas de la vida de Martí; tanto así, que lo identificó como crítico de arte. Esto resulta admirable si recordamos que el primer estudio que abordó esa faceta específica del cubano se divulgó en el capítulo “Martí, crítico de arte”, del libro Vida y pensamiento de Martí (1942), de Lizaso; es decir, dos años después. Alvarado concluye: “Y como Péguy, poeta y soldado de la dulce Francia, [Martí] quiso para sí la muerte del soldado” (1940: 198). En 1945, la Revista de la Universidad Católica del

Perú entregó al público limeño “Unas cartas de

Martí” con la siguiente aclaración: “Conmemorándose este año el cincuentenario de la muerte de José Martí, creemos de interés publicar, acompañadas de unas breves notas explicativas, unas cartas inéditas del patriota cubano; asociándonos así al homenaje continental a su insigne personalidad” (1945: 131). Se trató de cinco misivas destinadas a Elías de Losada, editor de

La Revista Ilustrada de Nueva York , publicación

mensual que circuló por todo el continente. En una de ellas, Martí agradece la invitación para escribir “unas cuantas cuartillas” para el número de enero de 1891. Nadie sospechó que su primera colaboración en esa revista sería aquel ensayo programático que, a juicio de Cintio Vitier, es una de las grandes y sintéticas culminaciones de la obra martiana: nos referimos al ensayo “Nuestra América”, aparecido el 1 de enero de 1891. En el año del Centenario del Natalicio de Martí, 1953, se editaron dos trabajos: el primero fue un libro del polémico Luis Humberto Delgado, titulado José Martí y Leoncio Prado en la Independencia de Cuba 1853-1953 , mientras que el segundo, “El criollo ejemplar”, fue el texto con el que Ciro Alegría, el autor de El mundo es ancho y ajeno , participó en el Congreso de Escritores Martianos, llevado a cabo del 20 al 27 de febrero en la ciudad de La Habana. Hablando de Leoncio Prado y José Martí, afirma Delgado: “Los dos nacieron el mismo año. Los dos lucharon por la Independencia. Los dos se inmolaron por la nación que crecieron amando. Los

dos eran hijos de un continente que buscaba su emancipación” (1953: 31). El libro nos presenta la figura de dos sacrificios absolutos, dos almas caracterizadas por el “honor”, la “bondad” y la “gratitud”, que compartieron el mismo ritmo, el mismo drama, pues no conocieron el juego ni el placer. En fin, dos vidas que tienen todo en común, excepto que “El primero [Martí] cerró sus ojos para siempre a los cuarentidos años de edad. El segundo [Prado] a los treinta” (1953: 33). Delgado nos recuerda también aquel episodio de 1876, en que Leoncio Prado, junto a una docena de camaradas cubanos, secuestraron un vapor español y lo bautizaron con el nombre de “Céspedes”, en honor al líder cubano que inició la Guerra de los Diez Años. Tal empresa duró dos meses, pues el asedio español los obligó a abandonar el barco, no sin antes incendiarlo, e internarse descalzos, entre los bosques, ciénagas y ríos de Centroamérica. Por su parte. Ciro Alegría declaró que “la obra política e intelectual de Martí tiene tan grande y actual significación por el hecho exacto de que él fue, en el mejor sentido de la palabra, un cubano, un hispanoamericano, un latinoamericano, un criollo” (1953:157). Manifestó, además, que su origen criollo no fue sinónimo de provincialismo, pues transitó por diversas culturas, nutriéndose de lo mejor de ellas. Conoció la realidad del negro en Cuba y la del indio en México y Guatemala, y los asimiló a su pensamiento. De allí que Alegría considere que “en José Martí ya se había logrado plenamente la difícil armonía que ahora mismo, después de más de medio siglo de su muerte,

Casimiro Cuadros (1954) José Martí. Grabado nuestros pueblos están buscando todavía” (1953: 159). La obra de Martí -advierte- puede ser menos erudita y acabada que la de otros escritores de nuestra América, pero tiene mayor clarividencia y vitalidad por el hecho mismo de poseer una vertiente liberadora que lo ubica entre los más egregios personajes de nuestra historia. Al año siguiente, el escritor arequipeño Carlos Maldonado Ramírez publicó el libro José Martí. Raíz y ala de América . Este volumen inauguró una serie de estudios que el Departamento Editorial de la

Secretaría de Cultura de la Asociación Provincial de Maestros Primarios de Arequipa respaldó. El texto incluyó una xilografía de Martí elaborada por el pintor y reconocido xilografista José Casimiro Cuadros, quien se había formado en la Escuela Nacional de Bellas Artes, bajo la dirección de Daniel Hernández. Un soneto del propio autor abre el texto: Alta, curvada, libre, extendida, serena, la frente de Martí se lanza a un ideal; profunda su mirada, se pierde en una pena vertida sobre el sino de su vida inmortal. El mentón espigado destila los agravios, que la lucha ha marcado en su doliente faz, ni una sonrisa deja el bigote a los labios i en el semblante pálido hay reflejos de paz. Alejada del hombro, la gran cabeza alada, a su tórax vencido, no ordena retirada; sembradas las ideas, su angustia espera el brote: Una América culta, honrada, libre, pura, un hombre americano forjado a su figura cabe los ideales de Cristo i el Quijote. Carlos Maldonado fue profesor, y por eso se entiende que haya interpretado la obra de Martí a la luz de la vocación magisterial: “Martí fue un maestro imperecedero, su magisterio rebasa las lindes de una relativa técnica profesional; más que un práctico fue un educador, un conductor” (1954: 9). Luego de una síntesis biográfica con variado detalle, Maldonado juzga como “muy difícil” la tarea del señalamiento de su cualidad más específica, y analiza su ejercicio bajo cinco criterios: como político, escritor, poeta, orador y maestro. Este recorrido le permite asegurar que

“Martí estará siempre en función, [pues] él es pedagógicamente funcional” (1954: 22).

En el segundo tomo del libro Escritores represen-

tativos de América (1957), de Luis Alberto Sán-

chez, hay un capítulo denominado “José Martí”. En ese trabajo, a la par de una exposición sucinta de la biografía martiana, va comentando su faceta como prosista. Sánchez juzga sus Cartas como un “prodigio de elegancia, concisión, sentenciosidad y metafórica sencillez” (1957: 95), y afirma que en

el Diario de campaña, escrito en las postrimerías

de su vida, pueden evaluarse mejor estas dotes, pues fue compuesto en la marcha de la guerra, sin ánimo de lucimiento, sin ningún tipo de objetivo publicitario, y pese a todo ello, no habría nada que corregir. Finalmente, Sánchez asegura que, para mejor entender el espíritu de Martí, para asir todas las aristas que cultivó durante su existencia, es necesario desprenderse de la erudición bibliográfica y echarse a sentirlo. Existe otro artículo de Ciro Alegría, difundido en el diario El Comercio , el 8 de agosto de 1958; nos referimos a “Walt Whitman y José Martí”. Como se sabe, Martí vivió los últimos quince años de su fecunda vida en los Estados Unidos y allí se relacionó con la obra de algunos personajes del trascendentalismo norteamericano como Emerson y Whitman. Este último leyó un discurso denominado “La muerte de Abraham Lincoln” en el Madison Square Theater de Nueva York, el 14 de abril de 1887; cinco días después, Martí publicó una crónica célebremente conocida como

“El poeta Walt Whitman”, en la que denotaba un conocimiento profundo de la obra del “hijo de Manhattan”. Alegría examina dicha crónica y conjetura que en el alma de Martí debió quedar resonando la parte del discurso en la que Whitman habló del sacrificio de la vida por la nación, pues cree ver esa misma idea del martirio y la muerte heroica por la patria en un discurso que el cubano pronunció el 27 de noviembre de 1891 en Tampa, Florida. Todo esto lo llevó a considerar que “si no hubo aquella influencia, existió entre Whitman y Martí una de esas coincidencias que son posibles entre los grandes de espíritu” (1958: 2). En 1961, el escritor jaujino Clodoaldo Espinosa Bravo entregó a la imprenta un conjunto de ar-

tículos escritos en diversas fechas, titulado 10 fi-

guras de América . En uno de ellos, “En el primer centenario de José Martí Pérez”, comentó los distintos actos de homenaje que se realizaron en Cuba y otros países, a propósito de los cien años del nacimiento de Martí: publicaciones, congresos, exposiciones, incluso la creación de la “Medalla Martí” para quienes, dentro y fuera de la Isla, contribuyen a la exaltación de la vida y la obra del “Apóstol”. Clodoaldo Espinosa, que colaboró en las revistas Amauta y Mundial , informó que en Jauja se celebraron concursos interescolares sobre Martí, y los estudiantes ganadores recibieron libros de autores como Alberto Baeza Flores y Medardo Vitier. Nos dice, igualmente, que a él se le otorgó la “Medalla Martí”, pero que hasta la fecha de esa publicación, no la había recibido. También notició de unas Páginas escogidas de

Martí, aparecidas en París, en 1911, con el sello de la editorial Garnier Hermanos y con prólogo de Ventura García Calderón, texto que lamentablemente no hemos logrado localizar. Tras el libro de Espinosa, hubo que esperar casi veinticinco años para tener otra referencia martiana entre nosotros. En 1985 se publicó en Lima una edición de La Edad de Oro de Martí, cuyo prólogo, a cargo de Guillermo Saravia, es un elogio a la niñez: “el niño es el gran curioso, el aventurero y el imaginativo, tiene las virtudes perdidas por las personas al crecer” (1985: 5). Y después de presentar a Martí como ejemplo de hombre de palabra y acción, despide el texto recomendando “acabar con todas esas terquedades y creencias de los mayores, de creer que ellos lo saben todo y los niños nada, cuando es al revés” (1985: 6). José Carlos Ballón, en 1986, editó en Madrid un ensayo extenso que estudiaba el modo en que la obra de Emerson influyó en Martí, tanto en contenido como a nivel formal. Nos referimos al libro Autonomía cultural americana: Emerson y Martí . El estudioso peruano analiza la relación intertextual del ensayo martiano “Emerson” y lo contrasta con diversos escritos del norteamericano.

En otro libro suyo, Lecturas norteamericanas de

José Martí: Emerson y el socialismo contemporáneo (1995), Ballón destaca también el encuentro con Emerson y con el pensamiento socialista, a partir de la constatación de las glosas que Martí anotó en el libro de John Rae, Contemporary socialism (1887). Este autor ha sido un tenaz cola-

borador de distintas publicaciones que tienen a

Martí como eje medular, además del Anuario del

Centro de Estudios Martianos , en donde colabo-

ró con los artículos “José Martí en 1882: su proceso de poetización del discurso inglés” (1989), “Martí y el periodismo norteamericano” (2001), “Martí en Estados Unidos: huellas posmodernas de un diálogo heroico” (2006), “José Martí como Prometeo y Harpagón en Alejo Carpentier” (2011), entre muchos otros de inmenso valor. En 1989, el escritor Winston Orrillo hizo imprimir, luego de una serie de olvidables inconvenientes, la tesis con la que obtuvo el grado de Doctor en Letras por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con el título Martí-Mariátegui: literatura, inteligencia y revolución en América Latina . Esta investigación, como su nombre lo advierte, aborda “el estrecho parentesco entre el pensamiento, la vida y la acción revolucionaria -y su proyección en la literatura- de dos de los más grandes hijos de nuestra América” (1989: 15). El contrapunto entre ambos pensadores se desarrolla en tres capítulos: Vida y circunstancia, América Latina y su literatura, y Literatura, inteligencia y revolución. Todos ellos acompañados de abundantes referencias bibliográficas que presentan a Orrillo como uno de los mejores estudiosos de la obra del cubano. El afamado crítico literario José Miguel Oviedo, publicó también en 1989 su estudio sobre un episodio de la vida íntima de Martí en los Estados Unidos: La niña de Nueva York. Una revisión de la vida erótica de José Martí . El origen de este libro está

en una conversación que el autor tuvo con el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, hacia 1986, quien despertó su interés por el tema. Oviedo se propuso, entonces, delinear el perfil moral de Martí, recurriendo a literatura especializada para evitar las posibles falsificaciones de su vida, y consideró ciertos los rumores extendidos que identificaban a la pequeña María Mantilla como su hija con Carmen Miyares, la cubana casada con Manuel Mantilla que lo hospedó en Nueva York. Inclusive logró contactar con el probable nieto de Martí, el actor cubano-americano César Romero, y lo entrevistó. Luego de comprobar la validez de su hipótesis, Oviedo aseveró que el prócer cubano “fue, sin

duda, un ser humano excepcional, pero concreto ,

con sus grandezas y miserias, que soñaba tener alas precisamente porque caminaba sobre la tierra” (1989: 111-112). A propósito de este asunto, Nydia Sarabia recuerda una carta (1990: 42-45) que Martí dirigió a Victoria Smith, prima de Carmen Miyares, cuyo borrador se publicó en el tomo 12 del Anuario

del Centro de Estudios Martianos :

“Ahora, de murmuraciones, ¿qué le he de decir? Ni Carmita ni yo hemos dado un solo paso (...) Si alguna mala persona (...) sospecha sin justificación posible y contra toda apariencia que ella recibe de mí un favor que la manche, esa, Victoria, será una de tantas maldades, mucho menos imputables y propaladas que otras, que hieren sin compasión años enteros a personas indudablemente buenas que las soportan en calma” (1989: 20).

Tal parece que la vida de Martí seguirá generando Del 24 al 26 de mayo, también en 1995, la “Comiuna serie de indagaciones que, por más agudas sión Centenario de José Martí” llevó a cabo, en e informadas, no lograrán entregarnos jamás el las instalaciones del Instituto de Altos Estudios contorno completo del hombre. Raúl Porras Barrenechea, el Coloquio Internacional “Martí, aquel hombre solar”, con la parti En 1995, en homenaje a los cien años de la muercipación de una veintena de especialistas, y con te de Martí, el Instituto de Investigaciones Humala presencia del entonces Rector de la univernísticas de la Universidad de San Marcos, junto a sidad, Dr. Wilson Reátegui, y el Embajador de Unión Latina, publicaron una breve antología de Cuba, Lic. Pedro Díaz Arcia. Las Actas del evento poesía y prosa titulada José Martí, para el amigo se publicaron dos años después, con una imporsincero , cuya selección corrió por cuenta de Martante colección de fotografías de Martí, y bajo el co Martos e Hildebrando Pérez Grande. El prólogo, auspicio de Unión Latina y Aero Continente. Por escrito por ambos y que ofreció una síntesis de su cuestiones de espacio no reseñamos ahora tovida, fue secundado por un texto de presentación dos los trabajos, los cuales se organizaron bajo de Joëlle Hullebroeck, llamado “José Martí, un latres temáticas: La Edad de Oro, Poesía y prosa, tino ejemplar”, en el que dejó constancia de una y Vida, ideología y política. En el primero escrisaludable aspiración: “que su ejemplo de hombre bieron Gonzalo Espino Relucé (“ La Edad de Oro . valiente e íntegro permanezca en la memoria de Los propósitos en Nuestra América”), Daniel Maquienes forjen el presente” (1995: 8). thews (“Martí y los niños”), José Pardo de Arco (“Vigencia de La Edad de Oro ”), Nadia Podleskis (“Los valores en La Edad de Oro ”) y María Regla Villa (“Para una relectura de La Edad de Oro en los 90. Algunos conceptos éticos”); en el segundo, Esther Castañeda y Elizabeth Toguchi (“Imagen de la mujer en una novela modernista: Amistad funesta ”), Sonia Luz Carrillo (“A la sombra de un ala: Martí, la mujer y el amor”), Pedro Granados (“ Versos sencillos , un caso de escritura diacrónica”), Marco Martos (“Martí: teoría y práctica poética”), Otilia Navarrete (“José Martí: exaltación de la vida”), Mihaela Radulescu (“La isotopía del cambio en José Martí”) e Hildebrando Pérez (“Martí: poesía clara y sencilla”); y en el último, José Cernicharo (“José Martí: el alcance mundial de la ‘Guerra Ne Para el amigo sincero. Antología de poesía y prosa (1995)

cesaria’”), Dante Castro (“Vigencia del pensamiento martiano”), María del Pilar Dughi (“Martí. El arte y la vida”), Ricardo Falla Barreda (“La pausa dichosa de Martí”), Miguel Ángel Huamán (“Reflexiones en torno a un Centenario”), Aurora Marrou Roldán (“Espíritu pedagógico de Martí”), Winston Orrillo (“Martí-Mariátegui: nuevas indagaciones”), Zenón Depaz Toledo (“José Martí: la fundación moral de los pueblos”) y Tomás Escajadillo (“Doble paradoja: Martí en Estados Unidos”). La Biblioteca Nacional del Perú, del 14 al 16 de junio de 1999, organizó en Lima el Coloquio Internacional Nuestra América en el siglo XXI. Vigencia de José Carlos Mariátegui y José Martí , y los artículos se imprimieron en el número 22 del Anuario del Centro de Estudios Martianos . Reconocidos estudiosos se dieron cita en el auditorio de la mencionada biblioteca para dialogar sobre la historia, relación y alcances de ambos pensadores: Armando Hart Dávalos inauguró el coloquio con la ponencia “Mariátegui y Martí: los hilos invisibles que unen a los hombres en la historia”; por su parte, Rolando González Patricio disertó sobre “Cultura y política en nuestra América: de Martí a Mariátegui”. María Regla Villa expuso acerca de “La presencia del Perú en la obra y el pensamiento martianos”, mientras que el poeta y ensayista peruano, Marco Martos, ofreció un estudio sobre “La poesía de Martí rumbo al siglo XXI”. En octubre de 1999, Alma Mater. Revista de In-

vestigación de la Universidad Nacional Mayor de

San Marcos , en su número 17, incluyó un ensayo

VV. AA. Martí: aquel hombre solar. Lima: UNMSM y Derrama Magisterial, 1997 de Marcel Velázquez, titulado “Reflexiones sobre la idea del hombre y del lenguaje en la obra de José Martí”. En cuanto a la primera, la idea del hombre, Velázquez identificó una dimensión ontológica y una dimensión existencial, cuya confrontación le permitió conjeturar que Martí fue un profundo “hacedor de símbolos” (1999: 61), y que su vida fue un ejemplo de ello; en torno a la segunda idea, la del lenguaje, aseguró que “si el espíritu es la dimensión que posibilita la conversión del hombre en hacedor de símbolos, el lenguaje es el medio ideal para cumplir esta misión” (1999: 64). Así, el autor juzga que la obra martiana sigue vigente porque sus tópicos se involucran y dialogan con nuestra realidad.

En 2011, conmemorando el Centenario del Natalicio del escritor indigenista más importante de nuestra América, José María Arguedas, la Academia Peruana de la Lengua, con el auspicio de la Casa de la Literatura Peruana y la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de San Marcos, llevó a cabo, del 18 al 20 de abril, el Congreso Internacional José María Arguedas. Vida y obra, con la participación de renombrados especialistas. Raquel Chang-Rodríguez fue una de ellas, y colaboró con el ensayo “José Martí y José María Arguedas en Nueva York”. El texto se publicó en las Actas del Congreso , y una versión extendida del mismo apareció al año siguiente en el primer tomo de unos Estudios y homenajes hispanoamericanos (2012). La autora analizó el poema “Amor de ciudad grande”, de Martí, y la carta “Nueva York y Quito”, de Arguedas, para detallar las impresiones que ambos escritores tuvieron de la “Gran Manzana”. La admiración por aquella ciudad es el denominador común, pero también lo es la crítica a esa sociedad de consumo excesivo que privilegia el egoísmo y la codicia antes que la ética. El Anuario del Centro de Estudios Martianos , en su número 35, recogió un trabajo de Nanda Leonardini Herane, denominado “ Lucía Jerez . Homenaje póstumo a dos amantes”, en el que examina un personaje de la única novela que Martí escribió -en siete días- y publicó en el semanario El Latino Americano , de Nueva York. Como se conoce, la hermana de Martí, “Ana”, falleció en México a principios de enero de 1875, lo cual

golpeó profundamente su estado de ánimo. Al poco tiempo de llegar a esa tierra, se enteró del romance que ella mantuvo con el pintor Manuel Ocaranza, quien se convertiría en uno de sus amigos más cercanos y a quien consideró como modelo de calidad plástica. El preámbulo biográfico es necesario para entender la propuesta de Leonardini: Ana, el personaje de Lucía Jerez , “es la simbiosis de dos seres reales unidos por el amor: Ana Martí y Manuel Ocaranza (...) dos seres cuyas vidas significan para él [José Martí] importantes fragmentos emocionales de su propia existencia” (2012: 148). Nanda Leonardini no sólo es una de las intelectuales mejor informadas sobre la vida y obra de Martí, sino que también es una incansable promotora de su figura en el Perú, pues además de presidir los Seminarios José Martí en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, organizó

en 2014 el Simposio Internacional José Martí, de

cara al sol , el cual se realizó el 22 de octubre en el auditorio principal de la Facultad de Letras de la misma universidad. Este fue el resultado de dos años de lecturas y comentarios de los textos más relevantes del prócer cubano junto a cinco de sus estudiantes, quienes formaron un Grupo de Estudios Martianos: Eugenia Abadía, Rennzo Rojas, Elizabeth García, Max Chauca y Luis Sihuacollo. El evento reunió las ponencias de la cubana Olivia Miranda Francisco, cuyo texto (“Martí de cara a nuestra época: tradiciones nacionales revolucionarias”) fue leído por Winston Orrillo; del costarricense Gerardo Hernández (“La ‘polémica sobre el

nacionalismo en la literatura’ costarricense: una perspectiva martiana”); del peruano Luis Sihuacollo (“José Martí y la defensa del arte de nuestra América”); del cubano radicado en México, Osmar Sánchez Aguilera (“Hacia un mapa de la metapoesía en Versos libres , de José Martí”) y de Nanda Leonardini, quien ofreció nuevas indagaciones en

torno de la novela Lucía Jerez .

En 2016, Ricardo Silva-Santisteban reunió sus reflexiones, ponencias y prólogos acerca del ejercicio de la traducción literaria, y los entregó al público en forma de libro. De los ideales de la traducción a la traducción ideal , lo llamó, y en él hay un artículo titulado “Un poema de Allan Poe traducido por José Martí”, en el que da cuenta de una versión poética inconclusa que Martí hizo del poema “Annabel Lee”. Nos dice Silva-Santisteban

José Martí

que “de pronto, se me ocurrió que el mejor homenaje de mi parte en la conmemoración del centenario de la muerte del poeta cubano sería completar la versión abandonada, y casi terminada, de este poema en beneficio de algún probable lector” (2016: 313). Sólo faltaba completar los últimos ocho versos, que Martí tradujo como “Ánabel Lí”. Para diferenciar lo añadido de la traducción original, el autor encierra entre corchetes su trabajo, y remata el poema del siguiente modo: Jamás brilla la luna sin [traerme los sueños de la hermosa Ánabel Lí;] nunca una estrella brilla, sin que en ella vea los ojos de mi Ánabel Lí. Así, en la noche aislada [duerme cerca -en la tumba del mar que arrulla allíde mi amada, mi vida y desposada, en su sepulcro junto al mar turquí.] (2016: 314). Existe también otro trabajo nuestro, publicado en el número 15 de Illapa. Mana Tukukuq , Revista del Instituto de Investigaciones Museológicas y Artísticas de la Universidad Ricardo Palma, denominado “ El ejercicio del criterio . La recepción de la crítica de arte de José Martí en el siglo XX latinoamericano” (2018). Se trató de un recuento incompleto, pues en una estancia posterior en Cuba, a la que fuimos invitados por la Red Internacional de Cátedras Martianas, en ocasión de un nuevo encuentro de investigadores martianos en la ciudad de Sancti Spíritus, tuvimos noticia de otros artícu-

los que abordaban el tema, y que desconocíamos en Lima. Nosotros creímos ver en Félix Lizaso, Justino Fernández, Roberto Fernández Retamar, Adelaida de Juan e Ida Rodríguez Prampolini, a los únicos comentadores de esta faceta martiana durante la pasada centuria; no pudimos estar más equivocados. El lúcido ensayo de David Leyva, Notas de un poeta al pie de los cuadros (2016) -obsequio de Ana Sánchez Collazo, que devoramos y subrayamos sin piedad-, contiene copiosa bibliografía y es uno de los estudios más extensos e informados sobre el tema. Finalmente, en el año 2019, meses antes de la crisis sanitaria mundial y del prolongado confinamiento, estuvo en Perú la reconocida latinoamericanista Adriana C. Rodríguez, directora del Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre Nuestra América “José Martí” (CEINA), quien ofreció una ponencia en el Salón de Grados de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El tema fue “Historiando el pensamiento martiano”, y allí, con inteligentes relaciones de ideas, nos reveló la fundamental importancia de estudiar a Martí a partir de nuestro propio lugar de enunciación, interrogando y creando desde América Latina. Como mencionamos al principio de estas páginas, es probable que algún trabajo sobre Martí, dentro de los límites que establecimos, se haya pasado por alto. No por voluntad propia, ciertamente, sino por desconocimiento. Deseo agradecer a Roberto Arroyo, David de Piérola,

Max Chauca, Rodriggo Leopoldino Cavalcanti, Alfonso Castrillón, Luis Paliza, Joel Rojas, Lewis Calderón, Eugenia Abadía y Aladino Carbajal, por la ayuda que me prestaron ubicando material bibliográfico en el proceso de recopilación. Así, las diferentes semblanzas, notas, ensayos, artículos, libros, ponencias e intervenciones, durante los noventa y cinco años que cubre nuestro estudio, acentúan y engrandecen la figura de “aquel hombre solar”, de ese latinoamericano espléndido que a más de un siglo de su desaparición nos sigue invitando a pensar con cabeza propia.

Bibliografía

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Max Chauca. El hijo que amo y bendigo.

Óleo sobre lienzo.

30 x 40 cm

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