Biblioteca Miguelina Acosta
Vero Ferrari y Ana Karina Barandiarán
Biblioteca Miguelina Acosta
Vero Ferrari y Ana Karina Barandiarán
La Biblioteca Miguelina Acosta nació unos meses antes de que se declarara la cuarentena a nivel nacional, en 2020. Fue fundada por Ana Karina Barandiarán y Vero Ferrari, ambas vecinas del Jr. Contumazá, donde la biblioteca funciona ininterrumpidamente. Le pusieron ese nombre en honor a la primera abogada litigante del Perú, activista feminista, sindicalista y dirigente universitaria graduada en la UNMSM con dos tesis sobre cómo reformar las leyes del matrimonio para que no siguieran perjudicando a las mujeres. El barrio donde se ubica la biblioteca fue considerado por mucho tiempo una zona de alta peligrosidad dentro del Centro Histórico de Lima, y a pesar de varios intentos de reorganización, no se lograron cambiar las dinámicas delincuenciales, ilegales e informales que funcionan para la supervivencia de decenas de familias que viven en habitaciones alquiladas de casonas invadidas. El Jr. Contumazá está a espaldas del Jurado Nacional de Elecciones, y a una cuadra de Plaza San Martín. Está compuesto por tres
cuadras, pero solo dos (las cuadras 9 y 10) presentan problemáticas estructurales de pobreza, inseguridad, hacinamiento, migración, prostitución, negocios de venta de alcohol clandestinos, microcomercialización de drogas, delitos menores y población con adicciones; además de violencia de género y violencia hacia las infancias. Considerando la situación crítica de las infancias, se empezó con el proyecto de biblioteca, que poco a poco fue transformándose a partir de las necesidades que iban presentando sus usuarios y usuarias. Sin embargo, si en un inicio se pensó como una biblioteca en el sentido más clásico, de repositorio y acceso a libros y a la lectura en sala, fue convirtiéndose, por acción de las propias infancias, en una “escuelita” donde iban a hacer sus tareas, conectarse a sus clases virtuales, recibir apoyo pedagógico y psicológico, tomar desayuno nutricional y recrearse viendo películas o escuchando música, o solo conversando entre ellos y jugando. La biblioteca funciona de forma autogestionada y con el apoyo de aliados y aliadas que han
Vero Ferrari y Ana Karina Barandiarán logrado sostenerla estos dos años. En ese lapso se han organizado talleres de lectura, escritura, arte, teatro, cine, danza, visita a museos, espacios de memoria, exposiciones, excursiones a zonas ecológicas, han participado en presentaciones de libros, conversatorios, ferias, marchas, plantones y han sido sede de festivales de cine como el Insólito y Transcinema. Desde hace dos años, el barrio tiene nuevos intereses y nuevas voces. Las infancias y adolescencias quieren vivir con dignidad y se han convertido en parte activa de los cambios que se van dando. Exigen alumbrado público (que cada cierto tiempo ‘casualmente’ se va), que haya serenazgo día y noche, que los carros no transiten por la calle peatonal. Marchan con la junta vecinal y la comisaría de Cotabambas pidiendo ¡más bibliotecas, menos pichilones!, para que escuchen aquellos que creen que las calles son sus baños. Y cantan a donde vayan y a quien les escuche “¡Que tiemble el Estado, los cielos, las calles!¡Que tiemblen los jueces y los judiciales! Hoy a las mujeres nos quitan la calma, nos sembraron miedo, nos crecieron alas”.