Año 2, Nº 2 (2023) · Reseñas · pp. 261-262

Reseña de «Manco Cápac», de Henry Vallejo

Cossio, Jesús

Formatos: PDF · pp. 261-262 Resumen y metadatos

Manco Cápac

Dirección: Henry Vallejo / Guión: Henry Vallejo y Elard Serruto. Perú, 2020. Es saludable que vayan surgiendo más cine con una mirada no limeñocéntrica que suele estar enfocada en una clase media acomodada y con “problemas” amorosos convencionales. Este film, por ejemplo, transcurre en Puno y le interesa mostrar el lado más cotidiano y menos explotado para el turismo de exportación: el de la precariedad económica, la distancia social entre la ciudad y los pueblos alejados, el de los vaivenes del aislamiento y la comprensión de los, las otras. Para hacerlo, nos cuenta la historia de Elisbán, un muchacho tímido que migra desde su comunidad a la ciudad de Puno esperando que un amigo Hermógenes lo acoja en su cuarto y le consiga algún trabajo. El desencuentro con Hermógenes, que ha salido de la ciudad por tiempo indeterminado ocasiona que Elisbán deba buscar cualquier trabajillo que le salga al paso. La película tiene un ritmo pausado, natural, que logra atraparnos en seguir las idas y venidas del protagonista y contagiarnos su desamparo sin caer en el excesivo melodrama. Elisbán es la antítesis del personaje esterotipado del vivo y acriollado de ficciones más alineadas con el mito del peruano emprendedor y/o “pendejo”. Hay en él algo que lo emparenta con el Gregorio de la cinta del mismo nombre: su condición de

Jesús Cossio

foráneo en una urbe que lo aliena y lo atrae, y que le demanda con urgencia transformarse en un recursero como forma de sobrevivir. También hay cierta afinidad con el relato “El niño junto al cielo” de Enrique Congrains, que narra el encuentro en Lima (“el monstruo de un millón de cabezas”) entre un espabilado chico de la calle y Esteban, un niño recién llegado de Tarma al Agustino: similitudes en la timidez de los protagonistas y como manejan su desconcierto ante lo que van viendo, para tratar de entender los códigos de “la bestia”, la urbe. Es una película con buenas ideas, con un relato bastante sólido. Pero en un par de ocasiones la seguidilla de problemas que enfrenta Elisban puede parecer hasta exagerada: gana un dinerito en dólares pero no se los quieren cambiar por viejos, aunque es usual que en Perú te los cambien a un precio menor; por ejemplo. Pero en líneas generales la trama va construyendo sentido tanto en la manera como el personaje principal comienza a conocer gente, de a pocos y apelando a la solidaridad de los que han comenzado de abajo; como en la búsqueda que hace de un refugio y una manera de vivir en la periferia de la ciudad y rebuscándoselas entre lo que la ciudad arroja. Simbólicamente, para lograr

para sí un presente literal (comer cada día) debe

escarbar en el pasado inmediato (los desechos

de la urbe) para disfrazarse de la imitación de

un pasado lejano y mitificado. Una muy buena

manera de figurar la complejidad de la existencia

en este país para tantas personas.

Número uno, serie “Sus Miradas”.

Sharoll Fernandez Siñani

Acrílico sobre lienzo

196 x 142 cm

2021

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