Año 1, Nº 1 (2021) · Entrevista · pp. 230-239

Salud y enfermedad en la historia del Perú. Entrevista a Jorge Lossio

Arroyo, Jorge

Formatos: PDF · pp. 230-239 Resumen y metadatos

Salud y enfermedad en la historia del Perú Entrevista a Jorge Lossio

Jorge Arroyo (Jueves 7 de mayo de 2020) Jorge Arroyo: Quisiera empezar preguntando por el impacto bacteriológico que supuso el encuentro entre el Tahuantinsuyo y el imperio español, representado por Francisco Pizarro en ese ya lejano 1532. ¿Qué fue lo significó en términos de salud? Jorge Lossio: Uriel García lo califica como un holocausto biológico. Es difícil comprenderlo desde la actualidad, pero los historiadores que se han abocado al tema, estiman que más o menos el 90% de la población de lo que fue el antiguo Perú murió a causa de este encuentro inicial, e incluso más en espacios de la costa, donde casi desapareció por completo la población prehispánica. ¿Por qué ocurrió esto? Porque los europeos habían desarrollado una cierta inmunidad a algunos virus y bacterias con los que los americanos no habían tenido contacto. Entonces, cuando se produce la llegada de Cristóbal Colón a lo que hoy llamamos América (porque los virus viajaron antes que Pizarro llegara a estas tierras), se produjo un colapso demográfico. Se piensa que las dos enfermedades

que más muertes causaron fueron la viruela (enfermedad dolorosa que además deja marcas visibles en los sobrevivientes) y el sarampión. Así, en términos de salud, el encuentro significó un holocausto, un absoluto colapso demográfico; además los españoles llegaron con animales como gallinas, ganado y cerdos, que luego se convirtieron en focos de nuevas enfermedades. A veces los estudiantes no logran comprender cómo un grupo pequeño de conquistadores españoles logró derrotar a los incas; se enfatiza en la guerra civil de aquel momento, en la existencia de una tecnología “superior” o que el imperio incaico estaba finalmente dividido; todo eso puede ser cierto, pero no se enfatiza lo suficiente en el impacto brutal de las enfermedades. Jorge Arroyo: Eso que apuntas es bastante cierto. Muere Huayna Cápac en 1528, cerca de Quito, aparentemente bajo una de estas enfermedades. Muere en el norte del Tahuantinsuyo, donde se había formado el otro Cusco, la ciudad de Tumebamba, y el supuesto “heredero” a la maskaypacha, Ninan Cuyuchi (no podemos

afirmarlo rotundamente, pues las crónicas no son muy precisas), también cae víctima de esta enfermedad. Luego llegamos hasta Francisco Pizarro y se acabó el Tahuantinsuyo; es decir, no se hace hincapié en estas enfermedades que fueron diezmando, hablando en términos más específicos, a miembros del ejército inca. Jorge Lossio: Claro, además todo esto ocurrió en un contexto donde las enfermedades tenían una connotación religiosa o sobrenatural. No ha desaparecido del todo, pues todavía hay mucha gente que ofrece explicaciones morales cuando se enferma o cuando aparece una epidemia. Recordarás lo que sucedió cuando apareció el Sida, en la década de 1980. Lo cierto es que muchos evangelizadores españoles advirtieron en la viruela la superioridad del dios católico por sobre los dioses andinos; argumentaron que se trataba de castigos divinos, pues el dios católico estaba mostrando su fuerza y su furia contra una población que seguía a otros dioses. Fue un discurso que caló, porque así se explicaban las enfermedades en aquella época. En Europa, por aquel tiempo, ya habían algunos médicos que insinuaban la idea del contagio, y estaban empezando a surgir las teorías miasmáticas, pero reinaban las explicaciones sobrenaturales y religiosas. Jorge Arroyo: Creo que con esta explicación podemos cerrar este primer punto sobre el impacto bactereológico... Jorge Lossio: Me gustaría añadir una cosa más. Para poder apreciar el impacto que tuvieron las

enfermedades en nuestra historia, podemos señalar que, a causa de la despoblación que causó la viruela, los españoles tuvieron que recurrir a la población africana para trabajar en las haciendas y en las ciudades. Cuando llegó la población africana, lamentablemente en condiciones de esclavitud, trajo consigo nuevas enfermedades como la fiebre amarilla, que desató una epidemia. La viruela, además, quedó endémica en los Andes durante los siglos posteriores. Recién a fines del siglo XVIII, el médico inglés Edward Jenner desarrolló una vacuna que se importó al virreinato. A inicios del siglo XIX llegó la expedición filantrópica de la vacuna y empezó un programa ambicioso de vacunación masiva contra la viruela, pero ahí mismo llega también la independencia. El Perú inauguró una época de caudillos y de caos, y se abandonó el proyecto de vacunación. La viruela siguió matando, más en los Andes que en la costa, porque en los lugares más alejados de la capital la vacuna no llegaba o llegaba en mal estado. Jorge Arroyo: Cuando los africanos llegaron, porque en realidad fue un encuentro de 3 mundos, la estadística señala que, de cada 7 africanos, 6 morían en el viaje y sólo uno podía llegar con vida a las costas americanas. Y esto no solamente por las condiciones infrahumanas en que viajaban, sino también por cuestiones de salud: un viaje de tres meses, aproximadamente, sin ningún tipo de cuidado y con una pésima alimentación. Bueno, un segundo punto que podemos tratar ahora es la importancia que tuvo

Jorge Lossio (Foto: Fernando Sangama). la escuela de San Fernando dentro del virreinato. ¿A qué se debe la creación de una institución como esta? ¿Qué impulsó a las autoridades españolas a crear una escuela de medicina en el virreinato? Jorge Lossio: Pensemos en el siglo XVIII: tienes a los habitantes de una ciudad como Lima, que viven expuestos a basurales, que sacan el agua para consumo de las acequias que además son usadas como desagües, que entierra a sus muertos dentro de las iglesias

visitadas por las mismas personas, es decir, un contexto de insalubridad general. En la lógica del virreinato, la salud era un asunto de carácter humanitario, pero también hubo el interés de mantener una abundante población, una población sana, para el comercio, y de este modo garantizar el crecimiento económico e industrial. El problema en aquella época no era tanto la tasa de la natalidad, pues las mujeres podían tener muchos hijos; el problema era que muchos de esos niños morían antes de cumplir el año. De hecho, mucha gente moría por males

respiratorios, estomacales o por la aparición de epidemias como la viruela o el tifus. De allí la expectativa de que el conocimiento médico y la experimentación médica podían resolver estos problemas de salud. Entonces se crea, eventualmente, San Fernando, el cual pasó por distintas etapas de modernización. Jorge Arroyo: Ahora, evidentemente, estas ideas no surgen directamente en España. Esto es producto de la Ilustración. Vale decir, del conocimiento científico trasladado a la medicina.

Jorge

Lossio:

Es cierto. Un contexto de relevancia para la ciencia, la medicina y la salud fue el contexto de la ilustración, en medio de las reformas borbónicas. Fue un proceso complicado que supuso muchos enfrentamientos. Por ejemplo, se creó el Cementerio General de Lima, en 1808, bajo la idea de que enterrar a los muertos en la ciudad estaba generando miasmas que contaminaban y repartían las enfermedades. Esa reforma de construir un cementerio a extramuros de la ciudad, con la dirección del viento empujando hacia fuera, no fue una reforma fácil, pues se creía que uno no llegaba al cielo si no era enterrado dentro de una iglesia. Se tuvo que confrontar la resistencia de muchos párrocos que cobraban por hacer esos entierros dentro de las iglesias. Fue una reforma que tuvo mucho impacto y que le costó al virreinato el enfrentamiento con la población y con un grupo importante de párrocos. Algo similar ocurrió con las vacunas. Cuando llegó la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna al Perú, dirigida por

Xavier de Balmis y Josep Salvany, estos pensaron que iban a ser recibidos con los brazos abiertos; sin embargo, mucha gente simplemente no quiso vacunarse, pues pensaban que todo era una excusa para ser censados y pagar más impuestos. Por ello, las autoridades tuvieron que imponer estas reformas por sobre la voluntad de la población, autoritariamente, lo cual ha sido una característica de nuestra historia. Jorge Arroyo: Cuando dices que el virreinato se preocupa por la población, ¿incluyes también a la república de indios? ¿Dónde enterraban a los campesinos? ¿Dónde quedaba la gran masa poblacional dentro de la política de salud del virreinato? Jorge Lossio: Los entierros dentro de las iglesias tenían un costo. Mientras más cerca al altar, mejor, pero eso costaba más. En cuanto a las vacunas, hubo una campaña masiva, humanitaria, de preocupación por la población. Ello se puede leer en los documentos de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna... Jorge Arroyo: ¿De qué años estamos hablando aproximadamente? Jorge Lossio: En 1804 llega al Perú, pero la campaña empezó algunos años atrás. En un segundo nivel de análisis, y sin descartar que existió una preocupación humanitaria, hubo también una preocupación económica: se buscaba que menos gente muriera para tener mayor producción. Luego, en un tercer nivel, podemos decir que se quería consolidar el poder

del Estado a través de una campaña de salud, pues en aquella época la presencia estatal no era tan extendida. Hubo un uso político de la salud, pero no fue algo propio del virreinato, pues también ocurrió en el siglo XIX, cuando éramos un país independiente. Ahora, donde se consolidó un programa de vacunación fue en los lugares más cercanos a las ciudades, lo cual evidencia otro de los problemas del Perú: el centralismo de Lima. La preocupación no fue igual en todos los sectores del país. Jorge Arroyo: Llegamos al siglo XIX, siglo de nuestra independencia. Se produce la ruptura con España y nace nuestro Estado (para algunos muerto, para otros semi vivo). Es el tiempo de los caudillos y creo que sería demasiado pedirles eficacia en términos de salud y protección de la población. Entonces, ¿qué es lo que empieza a hacer el Estado peruano post guerra con Chile? Por otro lado, en Europa empieza a surgir la idea de modernidad como sinónimo de higiene, de salud. Una sociedad que no es saludable no puede ser considerada moderna. ¿Cómo se inserta el Perú en todo esto? Jorge Lossio: En el siglo XIX, la teoría que todavía estaba vigente era la teoría miasmática (que señalaba al conjunto de emanaciones fétidas como causa de las enfermedades), pero luego fue desplazada por la teoría microbiana (que propone a los microorganismos como causa de las enfermedades). Entonces, cuidar la limpieza del espacio público o recoger la basura fue una forma de evitar que las epidemias viajen. Ahora,

estas ideas ya estaban en circulación, pero sin la ayuda del microscopio y otras tecnologías era difícil demostrarlas. Inicialmente, hubo rechazo, resistencia, pues gran parte de la población creía que era mentira, pues no podían ver esos microorganismos. Hubo mucho escepticismo, pero el desarrollo de estas teorías llevaron al reforzamiento de la idea de limpieza. Por ejemplo, antes de las operaciones los médicos no se lavaban las manos ni lavaban el instrumental quirúrgico. Ya imaginarás la cantidad de muertes que se producían en los hospitales y las salas de parto. Gracias a las ideas microbianas, la higiene pasó a ser un elemento central. Una de las grandes revoluciones a nivel histórico ha sido algo tan simple como lavarse las manos y eso ha evitado la muerte de millones de personas en salas operatorias a nivel global. La otra revolución importante para la salud en el Perú fue la creación, en 1903, de la dirección de salubridad pública (antecedente del actual Ministerio de Salud). Fue a partir de una epidemia de peste bubónica que afectó a las ciudades de la costa desde 1901, pues hasta fines del siglo XIX no había entre nosotros una agencia nacional de salud para casos de epidemias. Quienes atendían esas emergencias eran los párrocos de las iglesias o la sociedad de beneficencia, desde la perspectiva de que la salud era un tema de filantropía o caridad. Esta situación obligó a pensar que debía ser el Estado el que se encargue de organizar la lucha contra las epidemias. Jorge Arroyo: Llegamos al siglo XX y recién el Estado se pondrá en regla con la creación del

Ministerio de Salud, en 1935, durante el gobierno del general Benavides. ¿Cuál es la preocupación del Estado peruano en el tiempo que va desde la República Aristocrática hasta la creación del Ministerio de Salud? Jorge Lossio: En estas décadas se producen dos conceptos valiosos. El primero está relacionado con la idea de que la salud debía estar centralizada y debía ser un deber del Estado. El otro concepto, que surge en el contexto de la postguerra, de la creación de las Naciones Unidas y de la Organización Mundial de la Salud, es la idea de la salud como un derecho humano. La salud se convierte en un componente importante entre el Estado y la población en estos años: aparece la figura del inspector municipal de higiene y vacunas, se realizan campañas de vacunación y se crea el Ministerio de Salud. Es interesante observar el acercamiento entre el líder (Benavides) y “el pueblo”, el obrero, la clase media. Inicia la construcción de hospitales, de unidades vecinales asignadas al sector obrero (teniendo presente los cuidados de salud), de canchas de fútbol para el deporte y de espacios verdes para la circulación libre del aire. Otro cambio fundamental en el siglo XX fue la mejora en la tasa de mortalidad infantil. Inició un proceso de medicalización del parto, que reemplazó a las parteras o las mujeres de la familia por médicos especializados y obstetras en los hospitales. Jorge Arroyo: De acuerdo con eso, parecería que en el Perú, en las primeras décadas del siglo XX, todo funcionaba bien, siguiendo una

línea correcta. Sin embargo, ¿no había también diferencias sociales (pensemos en un italiano o un francés radicado en el Perú, por ejemplo) en la forma de extender el derecho a la salud? Y en cuanto al oficio de las parteras, ¿está ya en decadencia o en vías de extinción?, pues hoy resulta impensable que alguien, en el ámbito urbano, busque a una partera en lugar de ir a un hospital. Jorge Lossio: En cuanto a las parteras, es cierto lo que dices, y es consecuencia de un discurso médico muy agresivo contra ellas, en el siglo XX, con el objetivo de favorecer la hospitalización del parto. Los médicos, a diferencia de otros actores de la salud (como las parteras, los chamanes, los curanderos, etc.), han tenido mayor cercanía con el Estado y más poder para guiar las reformas de salud. De otro lado, como sugieres, muchas de las enfermedades en el Perú son el resultado de la pobreza y la desigualdad. Por ejemplo, la fiebre amarilla sigue siendo endémica en distintas partes en el Perú a pesar de que ya existe una vacuna contra la fiebre amarilla; lo mismo ocurre con el dengue, que ha regresado con mucha fuerza desde 1990, pero para evitarlo se requieren cuidados básicos como el uso de mosquiteros y acceso decente al agua potable. Así las cosas, hay vínculo claro entre pobreza y salud. Jorge Arroyo: Hablemos del otro Perú: ¿cómo es posible que, en pleno siglo XXI, la anemia siga siendo un flagelo entre los sectores más pobres? El dengue, la malaria, la poliomielitis, hasta hace 20 o 30 años, todavía seguían siendo un azote.

Hoy tenemos un Estado que aparentemente tendría que haber madurado (estamos a puertas del bicentenario). Entonces, ¿qué nos ha pasado?, ¿por qué nos hemos “adormecido”? Jorge Lossio: Yo creo que lo que estás señalando es absolutamente cierto. Marcos Cueto, el famoso historiador de la salud, vincula el retorno de muchas enfermedades que ya no deberían existir, como el dengue, el cólera o la tuberculosis, con las reformas políticas y económicas de la década de 1990. Se trató de un discurso global, no sólo peruano... Jorge Arroyo: El Consenso de Washington fue el que, a cambio de ayuda, impuso algunos lineamientos para sitiar al Estado. Jorge Lossio: Uno de los sectores que retrocedió en ese aspecto fue el de la salud. Cuando se desató la epidemia de cólera, en 1991, lo que hizo el gobierno de Fujimori fue echarle la culpa a las víctimas: “los que se enferman son los que no se lavan las manos o no hierven sus alimentos”, cuando en realidad lo que reflejaba la epidemia era un problema estructural, el problema de acceso al agua y desagüe; pero se les echó la culpa a los ciudadanos. En cuanto a la anemia, sabemos que se resuelve de forma rápida, no hay ninguna ciencia oculta detrás, pero lo que no existe es voluntad. Problemas como el dengue, la fiebre amarilla o la peste bubónica (aunque parezca increíble, la peste sigue existiendo en el Perú), han sido erradicados en casi todo el mundo, pero en nuestro país se siguen presentando casos. Estos no son problemas científicos ni médicos,

son un problema de voluntad del Estado de querer resolverlos. Jorge Arroyo: Entonces, la solución tendría que ser un “Estado en forma”, como exigía Basadre; un Estado que resuelva problemas vitales, como el de acceso al agua, por ejemplo. Hay mucho por hacer, mucho por educar. La emergencia sanitaria mundial que estamos padeciendo hoy no hace sino desnudar todas nuestras falencias, lo cual es bastante lamentable. En otra entrevista que ofreciste a un diario limeño decías que una cuarentena bien aplicada resultaba de mucha utilidad: ¿hemos hecho una buena cuarentena? Jorge Lossio: Como dijimos, es imposible deslindar la salud del contexto social, cultural y económico. En una economía como la peruana, 70% informal, es complicado prolongar tanto una cuarentena, pero creo que el presidente Vizcarra ha hecho lo mejor que pudo con los recursos y las posibilidades de acción de que disponía. He escuchado a gente que nos compara con Corea del Sur o con Chile, pero no tenemos la salud pública de Corea del Sur ni la de Chile, países que han invertido mucho más, y de forma recurrente, en términos de salud. Jorge Arroyo: Quiero darte las gracias, Jorge, y quisiera pedirte un consejo, una enseñanza final, pues la historia, como ciencia, también está para ello. Jorge Lossio: La historia es una rama del conocimiento que está sumamente abandonada, pero que nos puede ayudar a separar los

esfuerzos que han sido útiles y valiosos de las prácticas que no han servido para nada. En una circunstancia de pandemia como la actual, la historia nos enseña que es mejor escuchar a los científicos y no a líderes como Donald Trump o Jair Bolsonaro, que simplemente asumen discursos anti científicos que desestiman la gravedad del virus. Otra cosa que nos enseña la historia, en relación con las pandemias, es que de nada sirven las reacciones de pánico o de escepticismo. Quiero terminar recordando el valor que posee la ciencia de la historia, sobre todo entre nosotros, a puertas del Bicentenario.

Maria Jimena Suárez Ramos, José Martí. 2020

Dibujo

28.5 x 22 cm.

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